Opinión

ÍDOLO CON PIES DE BARRO

FUMATA BLANCA

¡Por fin habemus Papam! Y digo por fin porque ya estaba hasta las narices de tanta conexión con el Vaticano de todas las emisoras (me refiero a las de radio que es lo que más frecuento). Asombrada me tiene que en un estado aconfesional que se dice que es España (será porque nadie confiesa nada) emisoras como la SER conectasen a cada momento con esa “Santa Sede”. Imagino que es una cuestión comercial (¡lo que puede la pasta gansa!).

Pero bueno, ya que estamos con Papas, permítanme que hoy me ponga bíblica (no saben lo que se pierden aquellos que no la leen, porque de ella y de las Mil y una Noches, se pueden sacar enjundiosos ejemplos para este nuestro diario acontecer).

Pero vayamos a lo que interesa, al menos a mí. Y me refiero a la falta de memoria de algunos (para mí demasiados) sobre el Papa saliente, Benedicto XVI. García Márquez, en su libro El amor en los tiempos del cólera (capítulo 3, 2º párrafo) dice, refiriéndose al doctor Juvenal Urbino: «Era todavía demasiado joven para saber que la memoria del corazón elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos, y que gracias a este artificio logramos sobrellevar el pasado. Pero cuando volvió a ver desde la baranda del barco el promontorio blanco del barrio colonial […] comprendió hasta qué punto había sido una víctima fácil de las trampas caritativas de la nostalgia.»

Bueno, es de perdonar lo del doctor Juvenal por eso de su juventud, pero ¿qué pasa con esos sesudos escritores (periodistas, articulistas etc.) que a partir de la dimisión de Benedicto XVI se han dedicado a ensalzar su figura, hasta el punto de decir que fue un Papa cercano, abierto y demás elogios que atentan contra la memoria y la inteligencia de los lectores, oyentes o televidentes (tiempo hacía que no oía esa palabra)?

Sí, ahora va el pasaje de la Biblia.

Me refiero a las profecías de Daniel, (II, 31y 32) en las que se refiere a la interpretación de un sueño del rey Nabucodonosor. Transcribo directamente: Tú, rey, viste una visión, una estatua majestuosa, una estatua gigantesca y de un brillo extraordinario; su aspecto era impresionante. Tenía la cabeza de oro fino, el pecho y los brazos de plata, el vientre y los muslos de bronce, las piernas de hierro y los pies de hierro mezclado con barro. En tu visión una piedra se desprendió sin intervención humana, chocó con los pies de hierro y barro de la estatua y la hizo pedazos. Del golpe se hicieron pedazos el hierro y el barro, el bronce la plata y el oro, triturados como tamo de una era en verano, que el viento arrebata y desaparece sin dejar rastro…

Sí, han acertado, de esa profecía surge esa frase tan famosa de “El coloso de los pies de barro” que Diderot aplicó a Rusia, pero que yo, permítanme el atrevimiento, aplico a todos aquellos desmemoriados que levantaron a Benedicto XVI como a un ídolo, ( los más tibios lo han presentado como un ancianito venerable)sin darse cuenta de esos pies de barro. ¿ O es que han olvidado ese barro?

Pues permítanme recordarlo, porque no podemos olvidarnos de su falta de democracia, su autoritarismo, la discriminación para con las mujeres, la persecución de teólogos que no estaban de acuerdo con su intolerante doctrina, su responsabilidad en los casos de pederastia, su cerrazón a todo aire de modernidad y libertad, sus diatribas contra los homosexuales y contra el aborto sea cual fuese el motivo que llevase a él, su oposición al uso del condón, incluso en África, un país azotado por el SIDA, con la pedestre afirmación (¿sería ex cathedra?) de que el preservativo lejos de preservar de la terrible enfermedad produce el efecto contrario, es decir, la propaga más.

Como ven, demasiado barro para un ídolo.

A esta hora aún no se sabe quién es el próximo Papa. La verdad es que tampoco me interesa demasiado. Sólo espero que, al menos, abra un poco más las puertas y ventanas de un Vaticano que su predecesor cerró a cal y canto.